Cuando la ira nos ciega ...
Todo el mundo creía que estaba muerto, habían transcurrido veinte años y aún no había dado ninguna señal de vida, habíamos agotado las posibilidades de encontrarlo. Los primeros días todos pensábamos que regresaría, luego comenzamos a llamar a los parientes y amigos de pueblos cercanos donde presumíamos podía haberse refugiado, seguían pasando los meses y nada que se supiera de Ignacio y así con ello los años, y nadie supo, ni sabe, nada de su paradero. Hasta la semana pasada que llegó el primo Agustín y nos dijo que estando en el Terminal, aguardando en el autobús la hora de partida, vio a lo lejos, en otro andén, a uno que se le parecía, que a pesar de la marca de los años, el cabello encanecido, las facciones del rostro que un tanto envejecido le hacían parecer más viejo de los cuarenta que hoy debía tener, no podía confundirse el caminar desgarbado que solía tener Ignacio…”era él, no podía ser otro” repetía insistentemente, cuando llegó desaforado a contarnos la novedad. Dijo que apenas vio a aquel individuo, se bajó del autobús a buscarlo, pero entre la multitud no pudo encontrarlo. El primo Agustín estaba convencido de que aquel hombre era mi hermano, y con aquel relato se revivieron los recuerdos y la angustia de saber qué sería de aquel que había desaparecido como por arte de magia. En ese momento volvieron las imágenes de aquel aciago día, cuando después de habernos peleado, mi hermano tomó la decisión de abandonarnos sin decir nada. Como otras tantas veces lo había hecho, nadie imaginó que en esta oportunidad sería para siempre, sólo que en esta ocasión la pelea había sido conmigo, por primera vez se había reñido con el único que siempre lo defendió, con el que había crecido a la par como si fuéramos gemelos, porque lo que nos distanciaba en edad, era un poco mas de los meses que había estado en el vientre de nuestra madre. Ignacio era rebelde, no había querido estudiar y a pesar de que era trabajador, siempre se metía en problemas, incluso con los otros hermanos y yo siempre salía en su defensa, nos llevábamos tan bien que hasta nos gustaban las mismas chicas y para no entrar en conflicto, las dejábamos pasar para no competir. Hasta esa noche, que estábamos solos en casa desde hacía dos días, porque el resto de la familia había ido al casamiento de una prima en el pueblo vecino y nosotros decidimos quedarnos. Yo solía poner mis cosas de valor y también el dinero, en un pequeño baúl que me había dado la abuela, me habían pagado la semana de trabajo y allí lo había guardado y cuando fui a buscarlo, la cajita donde lo tenía estaba vacía, en ese momento, la ira se apoderó de mi y comenzaron a pasar ideas en mi mente. Ignacio era el único que estaba en la casa y me preguntaba de dónde había sacado dinero para comprarse aquella camisa si no estaba trabajando. Apenas abrió la puerta, sin preguntarle siquiera, le di un puñetazo que al tomarlo por sorpresa, le hizo perder el equilibrio arrojándolo al piso “esto no te lo voy a perdonar” y volví a pegarle, él sin entender qué pasaba, también reacciono y me devolvió el golpe, fue entonces cuando mencioné lo del dinero e iracundo seguía golpeándolo hasta que llegó un vecino y nos separó. Ignacio se sacudió la ropa y me miró sin decir una palabra, fue al cuarto, metió algunas cosas en un bolso y se marchó diciendo “pues el que no te perdona soy yo” Nunca supe si fue Ignacio el que tomó el dinero, viví todo este tiempo con esa duda, pasé estos veinte años rogando que estuviese bien y que en algún momento volviera a casa para saldar esa cuenta, pero nos dimos por vencidos pensando que ya no estaba. Ahora que el primo Agustín dice haberlo visto, me ilusiona creer que volverá y que aunque no volveremos a ser los de antes, podremos reconciliarnos….Vivo con esa esperanza!!!!! Relato basado en la historia real de un amigo, los nombres por supuesto, no son los verdaderos, y algunos detalles son parte inventados por mi para completar la historia, que la escribí como asignación cuando estaba en el Taller de Escritura Creativa...mi amigo cumplió años recientemente, recordé que lo tenía y quise compartirlo La canción dedicada a mis queridas hermanas dominicanas... Cristinilla y Signora ... las quierooooooooooo


NOTA MUSICAL: "Viene Gente" del Dominicano Pavel Núñez ...




now dijo
Compruebas que la vida bien contada es tan emosionante y dramatica como una buena novela. Lo unico malo es que no tiene final.
Besitos gordos
7 Junio 2008 | 05:23 PM