Otro fin de semana lleno de magia, a pesar de que el sábado en la mañana estuve bastante estresada. Tenía dos pedidos y el que debía entregar temprano, por nada que me salía bien, se me quedó pegada la gelatina al molde, cosa que pocas veces me ha pasado, tuve que eliminar una de las capas; se me daño la transferencia de la imagen y tuve que pintarla a mano; en fin, me retrasé muchísimo y estaba al borde de un colapso, que lloré y todo, porque no quedó como debía, pero al final la cliente quedó satisfecha con el trabajo. Algunas veces creo que me exijo demasiado y me frustro un poco cuando las cosas no me quedan como esperaba. La segunda si quedó espectacular, modestia aparte, pero esta compensó el desazón que me había dejado la primera que entregué. El área de trabajo, un desastre, por lo que después de los despachos, tuve que poner un poco el orden. Pero ya se me había ido toda la mañana y debía ir a buscar el material para la caminata del domingo y después el concierto. Pensé que no me daría tiempo de ir y venir, así que de una vez me arreglé para hacer ambas cosas.
EL CONCIERTO.- Hace días atrás, en medio de la autopista había visto de reojo un aviso donde anunciaban que se presentaría Gal Costa en Caracas, busqué en la red la información, y el día que conocí a Carmencita, cuando regresábamos del café donde nos encontramos, pasé sin querer por una de las tiendas que patrocinaban el evento y me compré mi boleto. Comenté a varias personas que se les gusta, pero ninguna se decidió para ir, así que una vez más, fui sola, lo que ya se me hizo costumbre. Llegué temprano y me ubiqué de una vez en mi puesto, estaba un poco ansiosa porque me dolía la cabeza, quizás esto no permitió que lo disfrutara cien por ciento, pero aún así fue muy grato estar allí. 
Un concierto cálido, minimalista e íntimo si se quiere, donde el público formó parte del repertorio, coreando todas las canciones, sorprendiendo y emocionando a la cantante por ello, sólo en un tema, todos nos quedamos callados, embelezados por el arrullo de la voz tan hermosa de esta muy bien nombrada, la reina del bosanova, y fue tanto, que ella lo percibió, diciendo que sintió la misma emoción que cuando arrulla a su pequeño de tres años para dormirlo, todo en silencio, esa sensación de intimidad que te comentaba al principio.
Realmente fue un espectáculo hermoso, sólo la acompañaba la guitarra de Luis Meira y la calidez de las luces que hacían juego con su voz. Pero lo mejor de todo que cantó mi favorita, que te la dejé de fondo, la letra muy acorde con mi sentir en estos días, al escucharla allí, cantada por Gal, me emocionó mucho, pero al mismo tiempo me di cuenta que para cerrar ciclos tiene que haber despedida y sólo la disfruté, cantándola en lo poco que me se la letra, pero sintiendo cada estrofa como mía. Definitivamente la música es un lenguaje universal y en cualquier idioma nos llega, aunque no sea el nuestro.
Salí de allí feliz, caminando bajo una suave llovizna y tarareando Chuva de prata que cai sem parar quase me mata de tanto esperar. Llegué a casa cansada por el trajín del día y aún el dolor de cabeza persistía, me tomé una pastilla, me puse algodones en los oídos (los vecinos tenían una fiesta pero eso es otro tema) y caí rendida, hasta que a lo lejos escuché el teléfono sonar, ya era hora de levantarme para la caminata.
de esas trampitas que pone la otra yo para sabotear, me sentía como mareada, no se, era una sensación extraña. Pero ahí comenzó la lucha entre ella y yo y no me dejé vencer, pensé en todas las cosas que he dejado de hacer por dejarme, así que salté de la cama a la ducha, me preparé un buen desayuno y me lo comí sin muchas ganas pero era necesario. Mi hija me llamó, que la esperara porque se había quedado dormida. Así que llegamos un poco más de la hora de la que arrancó la actividad. Cuando salimos de la estación del metro, comenzó a llover pero estábamos dispuestas a seguir adelante y así lo hicimos. Ella decía, mami, la lluvia no nos detendrá, pensemos en todo lo que tienen que pasar las mujeres que tienen que someterse a las quimio y a todos esos tratamientos y por ellas estamos aquí y así lo sentí y así lo hicimos.
La mamá de su hermano está en estos momentos recién terminando las sesiones de quimioterapia y eso a mi hija la ha afectado mucho. Yo, por mi parte, recordando a
Era
Apuramos el paso porque íbamos retrasadas y bajo una lluvia copiosa, pero aún así logramos alcanzar al grupo y llegamos a la meta en cincuenta minutos… Felices recibimos nuestras medallas de participantes y aunque seguía lloviendo, nos quedamos a disfrutar del concierto de dos grupos venezolanos que se presentarían, Los Amigos Invisibles, que ofrecieron un show muy variado, eufóricos y entusiasmados todos cantamos los diferentes ritmos. Guaco fue la otra agrupación, interpretaron las canciones de antes y las de ahora, y como siempre la alegría fue tan contagiosa que a pesar de haber corrido unos y caminado otros, emparamados por la lluvia, nadie se movió hasta el final del evento que fue hasta mediodía. También la entrega de premios a los ganadores en las diferentes categorías y las donaciones a las fundaciones que resultaron escogidas, y que se encargan de atender y ayudar a las personas
con este tipo de enfermedad.
Nos regresamos a casa con ganas de seguir ejercitándonos, con ese sabor rico de MISIÓN CUMPLIDA y dándole gracias a Dios por permitirnos la vida y la oportunidad de alguna manera colaborar con esta causa porque la meta es GANARLE AL CÁNCER !
Y así le doy