Con los ojos llenitos de ayer....
Como esas cosas que siempre me ocurren y a las que nombro “por sincronicidad”, caminaba sin rumbo, sólo para hacer tiempo porque aún faltaba media hora para estar en un sitio, cuando voltee la mirada y allí estaba, en la acera del frente y yo impulsiva como es mi naturaleza, casi salí corriendo para alcanzarlo, me embargaron una mezcla de emociones, han pasado casi 20 años desde la última vez que lo vimos, fue en el sepelio de mi hermano cuando también como por arte de magia se enteró y vino a vernos. Toda esta conmoción ni siquiera era por mi misma, sino por lo que para ellos significaría aquel encuentro, crucé la calle sin siquiera percatarme de los carros que pasaban, sin medir que él estaba acompañado y qué podría ocurrir con este encuentro, y me le acerqué y lo abracé con lágrimas en los ojos, mencionando su nombre, bueno más bien por su apellido como siempre solíamos llamarlo, y aunque él se mostró receptivo a mi saludo, me dijo que no sabía de quien se trataba, y fue cuando pude, al mirarlo a los ojos, darme cuenta de lo que el tiempo inexorable le hace a nuestras vidas, vi en las huellas de su rostro, que aunque nos parezca que sucedió hace poco, han transcurrido casi dos décadas desde la última vez que lo vimos. Le dije mi nombre y el nombre de la persona con quien me relacionaba a él y amargamente escuché que no recordaba de quién se trataba, entonces insistí y fue que entonces que al parecer buscó en sus lejanas memorias y se dio cuenta de quien hablaba. No dejaba de impresionarme el parecido con uno de los hijos que tuvo con aquella mujer y así se lo comenté y el quedamente me dijo que sus acompañantes eran su esposa y su hija, me imagino para que no siguiera hablando de ello y de las que en mi arrebato por no dejarlo ir sin saber un poco de él, no había advertido su presencia, Me comentó que estaba gravemente enfermo y que lo hospitalizarían al otro día, le pedí que me diera alguna manera para que aquellos, por lo menos sus hijos, pudieran comunicarse y me dijo el nombre de la clínica y el piso donde supuestamente estaría a partir del siguiente día y nos despedimos. Enseguida le pasé un mensaje a aquel hijo que se parece tanto a él, emocionada porque se cuántas veces había añorado encontrarse con su papá, y apenas llegué a casa, llamé a aquella, la protagonista de esta historia, me dio pesar decirle que estaba enfermo, pero la alegría de saberlo vivo después de tantos años sin dar ninguna señal, fue más relevante porque aún hay tiempo para orar por él y encomendárselo a Dios. Me ofrecí a ir a la clínica para acompañar a su hijo y ella me pidió que cuando lo hiciera que le tomara de la mano y le dijera calladito sin que nadie se enterara que ella aún lo quería. Lloramos juntas a través de la línea telefónica y ella volvió a decirme, lo que una vez en una conversación de amigas que tuvimos, que ya ella lo había liberado de su corazón, perdonándole lo que tenía que haberle perdonado y dejándolo ir de su vida, aunque él ya lo había hecho desde hacía mucho tiempo. Esta fue una de esas historias de amores prohibidos, pero no menos verdaderos por ello, ella lo amaba como nunca amó y se entregó en alma y cuerpo a aquel hombre que tenía otra vida y que por esas cobardías masculinas no dejaría por ella, y aún así ella se enfrentó al mundo y no le importó vivir aquella historia a medias, de donde nacieron dos hijos, a quienes en sus primeros años, él atendió en la medida que en su doble vida podía hacerlo, pero en algunos años ella se mudo de ciudad y poco a poco se fueron distanciando, hasta que dejaron de verse. Ella seguía albergando en su corazón aquel amor, como Penélope lo seguía esperando, creo yo que enamorada de aquello que sentía, trataba de mantenerlo intacto y cerró el capítulo del amor en su vida, ya no hubo nadie más para ella en materia de parejas, de cierta manera mantenía la esperanza de que él volvería alguna vez y cuando eso ocurrió, tal cual como en la canción, se sintió decepcionada de ver que no era aquel el que ella en su añoranza aguardaba y fue entonces cuando decidió a solas y en la intimidad con su alma liberarlo de aquel lazo que sólo en su recuerdo existía. Fuimos su hijo y yo a visitarlo a la clínica, o al menos eso intentamos porque al llegar allí, nos dijeron que ni siquiera en el piso donde me había dicho, correspondía a hospitalización, fuimos a un hospital que tiene el mismo nombre, por si yo había entendido mal, lo buscamos habitación por habitación, para descartar cualquier posibilidad y no lo encontramos. Lamenté por aquel que llevaba todas las esperanzas de ver nuevamente a su papá, pero al final como siempre, di gracias a Dios porque sólo El sabe por qué de aquel desenlace. Ahora sólo nos queda orar por él y pedirle al Señor que le de la paz que llegara a necesitar y que sea Su Voluntad

Nota Musical: “Penélope” de Joan Manuel Serrat

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indi brujis dijo
no le habia tomado sentido a esa frase "con los ojitos llenitos de ayer", hasta ahora que lei tu titulo...
a veces nos damos cuenta en situaciones así, que hemos vivido estancadas en recuerdos... pero al sumar los años nos damos cuenta que una parte de nuestro corazón se paralizó y no creció...
que pena por su hijo que se quedó con la esperanza de verlo... pero todo tiene su razón de ser...
me hizo recordar a mi primo... nunca volvió a abrazar a su papá... sólo pudo escuchar su voz... quizás tan solo eso bastaba para perdonarlo...
emociona leer lo que escribiste amiga!!!
ya te imaginaba corriendo entre los autos... como si fuera una pelicula...
un abrazo grandote!!! y deseo que esa persona tenga paz en su corazon!
te quiero muchooooooooo
te envié un mail eternooooooo.... asi que leelo cuando tengas tiempo jeje
30 Enero 2008 | 11:52 PM