Nos reuníamos casi todos los viernes después del trabajo, una rutina para romper con la monotonía de la semana, ponernos al día con los “chísmenes” como solíamos decir y paliar un poco esa sensación de vacío, de cuando te sientes solo y llegan los viernes con su amenaza del fin de semana, abrumadora conmoción de dos interminables días que te echan en cara lo que con el ajetreo laboral has tratado de encubrir…esa íngrima condición que te hace pensar que tienes que encontrar una pareja para sentirte completa…Trabajaba en aquel restaurante donde llegué para ser su sustituta y lo convertimos en ritual, sentándonos siempre en la misma mesa que hoy, después de algunos años, sigue siendo la misma cuando esporádicamente volvemos, pedíamos algunos tragos según el ánimo, una cerveza si estábamos alegres o si la nostalgia nos acompañaba, ella un vino y yo un brandy con kalhúa, nos traían algo “para picar” y así comenzaba la noche, contándonos lo escaso que nos acontecía en la semana, nos dejábamos embriagar por la música cantada por un buen amigo, que siempre nos hacía cuestionarnos el tema del amor y la soledad, y cuántas veces terminamos llorando por la añoranza de ese sentimiento.

Incansablemente le escuché desconsolados comentarios de desesperanza amorosa, hasta que surgió aquel viaje, al que casi tuve que rogarle para persuadirla de que fuera, fue sólo hasta el último momento que aceptó y me acompañó. Desde que se vieron se gustaron y comenzaron a compartir, se flecharon de inmediato y hace ocho años desde entonces están unidos. Se hicieron novios y muy pronto decidieron vivir juntos. Al principio, a ella la atormentaba la diferencia de edad entre los dos, muchas veces tuve que sermonearla para disuadirla de tal estupidez y poco a poco él le fue demostrando que esa brecha sólo existía en su mente. Fueron consolidándose cada día más como pareja, con sus “ires y venires”, les nació una pequeña que fortaleció aún más la relación.

Un día,en aquella reunión de mujeres que amamos demasiado,

ella fue el ejemplo de todo lo contrario a lo que fuimos a exponer allí, fue modelo de lo que añoramos ser, “soy una mujer feliz” fue la frase que argumentó cuando fue su turno y allí estaba yo siendo testigo orgullosa de que esa es una gran verdad y hoy comparto esa felicidad porque es mi mejor amiga

Hace unos días me llamó más temprano que de costumbre, por lo cual me extrañé, era lunes en la mañana y recién nos habíamos visto el viernes anterior a su cumpleaños – que te pasa?- le pregunté y con voz entrecortada me dijo –te tengo un notición, J me regaló un anillo de compromiso, nos vamos a casar por la iglesia y todo- y conociéndola tanto, sabía que sus ojos brillantes de emoción, en ese mismo instante se desbordaron en lágrimas, del otro lado de la línea, su sentimiento se hizo eco en mi corazón, volviéndose esperanza y su felicidad también fue la mía.

Una muestra más de que el amor como lo concebimos, aún en estos tiempos existe y prevalece….

Felicidades Amiga!!!!!

NOTA MUSICAL: Amada Mía” del Álbum “Sentimiento Tú” de Cheo Feliciano