Domingo de Ópera
la camaradería que siempre nos unió, por eso disfruto el doble cuando estoy allí y toda mi sensibilidad queda al descubierto. El miércoles como siempre, me llegó la programación de la orquesta y a pesar de que pocas veces voy a la ópera esta vez decidí ir… muchas veces pienso en hacerlo pero termino dejándome absorber por la rutina doméstica del fin de semana y luego, cuando leo los comentarios posteriores al espectáculo en cuestión, vienen las lamentaciones y la convicción de que el próximo si será, entonces lo mentalicé para tenerlo presente e ir. Esta mañana me desperté cansada, con dolor de cabeza y con ganas de quedarme metida en la cama, justificándome con el tonto juego hormonal, pero como siempre, llegó un ángel al rescate, esta vez El Tiempo de Dios es perfecto, llegué veinte minutos antes, pero no había comprado boleto, fui a la taquilla y ni siquiera tuve que preguntar, porque le decían a un señor delante de mi, la respuesta lastimera que no quería escuchar: “las entradas agotadas” desilusionada, me iba de vuelta pensando entonces en buscar otra opción en el Ateneo, era buena hora aún. Cerca de la entrada vi a un chico que trabajó conmigo en el Conservatorio, me acerqué a saludarlo y tampoco tenía entrada, me dijo que esperaría a ver si salía algún chance de entrar y emulándolo me quedé, esperamos la hora y nos acercamos a la entrada de la sala, habían varias personas en las mismas condiciones, pero allí me quedé esperando no se qué… hasta que de pronto se acercó un señor y me preguntó –señora, tiene entrada? – creo que lo hizo porque en mi cara estaba dibujada la respuesta y antes de que abriera la boca prosiguió –tengo un boleto de más, estaba esperando a otra persona pero al parecer no viene, se la vendo al mismo precio que la compré – Casi se la arranco de la mano y lo beso ¡!!!! Con mi boleto en mano y feliz sin saber como había ocurrido entré. Volvía a estar en aquella sala, como otras tantas veces, pero como siempre, experimentando la misma emoción de la primera vez… mi corazón comienza a latir con más fuerza y por toda mi piel una sensibilidad sublimada me va recorriendo… cuando bajan las luces, es inminente un suspiro, entra el director (en este caso el Maestro Felipe Izcaray) y mi reacción es de impavidez, ese momento mientras saluda, se acomoda en el podio y levanta su mano para comenzar su ejecución, se me hace eterno…y es entonces cuando da la señal y comienzan los acordes, cuando toda esa mezcla de sonidos se hace tangible como una caricia, me recorre desde los pies hasta que llega a mi rostro, erizando mi piel y saliendo por mis ojos en forma de lágrimas, es algo que no se controlar, es un efecto tan placentero que me absorbe y me trasmuta en puras sensaciones.
Siempre que vuelvo a
Hoy era “Caballería Rusticana” obra de Pietro Mascagni y a pesar de que la esencia de la trama va un poco contra mi posición personal, el sentimiento con el que
NOTA MUSICAL: Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni



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now dijo
Yo creía que esas cosas de cuento solo me pasaban a mi, lo de le boleto.
Estoy deacuerdo contigo en que la opera es mas que un espectaculo. Es un sentimiento. Yo adoro cuando comienza la musica antes de abrir el telon y parece que la musica saliera de dentro de mi y no de los instrumentos y ni hablemos cuando empieza el canto.
Besitos gordos mamutica.
1 Mayo 2007 | 12:52 PM